La cuántica
en tu Mahou
Scroll para descubrir qué hay realmente en tu botellín.
¿Qué es exactamente lo que te hace pensar "qué buena está" al dar el primer trago?
Spoiler: son cinco moléculas.
Y un ordenador cuántico puede calcularlas una por una.
Cinco huellas
en tu lengua
Tu lengua no percibe "Mahou". Percibe la huella de estas cinco moléculas, entre muchas otras. Toca cada una para conocerla.
Cada una es un pequeño sistema cuántico. Pequeño, pero lo suficientemente complejo para complicarle la vida al mejor superordenador clásico.
El toque afrutado
Si alguna vez has pensado "esto me recuerda un poco al plátano pero no sé por qué", es esta molécula. Se llama acetato de isoamilo.
Ahora la
pregunta rara.
¿Cuánta energía tiene esta molécula?
Lo que llamamos "sabor" depende de cómo se sostienen sus átomos unidos. Y eso, ningún ordenador clásico lo calcula bien cuando la molécula tiene más de un puñado de electrones.
El problema no es el tamaño.
Es la conversación.
Cada electrón "habla" con los demás de una forma que solo la mecánica cuántica describe bien. Un ordenador clásico tiene que simular esas conversaciones con aproximaciones cada vez más caras.
La precisión importa: errar en miliésimas de hartree puede cambiar si una molécula huele a plátano o a quitaesmaltes.
Aquí es donde la cuántica
juega su carta.
Imagina que tienes que encontrar el punto más bajo de un valle con los ojos vendados.
Esto tiene nombre técnico: Variational Quantum Eigensolver, o VQE. Es el algoritmo que vas a ver funcionar en la siguiente pantalla. De verdad. En tu móvil.
VQE · Hidrógeno
molecular
El acetato de tu Mahou necesita unos 40 qubits para resolverse con precisión. Eso no cabe en tu móvil. Pero la molécula más simple del universo, sí. Dos qubits. Cuatro parámetros. Una energía real.
Lo que acabas de ejecutar está basado en el experimento original de O'Malley et al. (Google, 2016), el primer VQE sobre hidrógeno molecular en un procesador cuántico real. Los coeficientes del Hamiltoniano vienen de ese paper.
Lo que acabas de ver
no es un juguete.
Las mismas técnicas que han simulado unos pocos átomos en tu navegador son las que empresas como Pfizer, Roche o IBM usan para diseñar moléculas farmacéuticas. El salto entre "una cerveza" y "un medicamento que te salva la vida" es, en el fondo, el mismo problema cuántico — solo cambia la molécula.
Y ahora ya lo sabes. La próxima vez que tomes una Mahou, piénsalo un segundo: acabas de beber un problema que solo la mecánica cuántica entiende bien.